Esa especie de mundo feliz y liberado de conflictos globales y domésticos, fue un espejismo. Las guerras mundiales fueron sustituidas por el terrorismo, convertido en mortífera plaga universal que acabó con la utopía de un mundo que resuelva por la vía del diálogo los conflictos políticos, raciales, religiosos y económicos todavía vigentes después del triunfo de la democracia occidental frente al comunismo.
El terrorismo es una vía que conduce a actos violentos, degradantes, irracionales e intimidatorios, sin ningún límite moral y legítimo. Un manual militar nos dice que “el terrorismo es una serie de actos de violencia extrema, destinados a infundir pánico y miedo sostenido en las personas para crear un estado físico y mental que prepara a la población para su captación y conquista dado que facilita su dominación, opresión y avasallamiento”.
En contraste, los países ricos son cada vez más avaros. Solo cinco de ellos -Dinamarca, Noruega, Suecia, Holanda y Luxemburgo- superan la destinación del 0,7 por ciento de su Producto Interno Bruto a ayuda al desarrollo. Los que más podrían dar son los más duros. Estados Unidos está en el vagón de cola, con apenas un 0,13 por ciento de contribución, mientras que Francia destina el 0,38, Alemania el 0,27 y Japón el 0,23. En total, la cuota de ayuda de los países desarrollados a los países pobres bajó un tercio en la última década: de un promedio de 0,33 por ciento, al actual 0,22. Cifra, por demás, miserable.
Partiendo de la premisa de que “hay capacidad y recursos suficientes en el mundo para erradicar el hambre", los jefes de gobierno de Brasil, Francia, Chile y España lanzaron en Nueva York un plan de siete propuestas contra el hambre y la pobreza, en la 59ª asamblea general de la ONU, con el respaldo de 113 países.
El hambre mata a un niño cada cinco segundos; 25.000 personas fallecen cada día por esta causa y el número de hambrientos crece, y va en 842 millones, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Según el plan, 50.000 millones de dólares (décima parte del gasto militar de la administración Bush) ayudarían a doblarle el brazo al hambre.
Más viable parece el impuesto a la venta de armas, negocio que movió 25.600 millones de dólares en el 2003 (sin contar el mercado negro). Es altamente probable que E.U., principal vendedor, también rechace la iniciativa, pero Alemania y Francia están entre los cinco mayores exportadores. Aquí, las objeciones son éticas, por lo paradójico de paliar el hambre y la pobreza con el ganancioso negocio de los conflictos armados.
Es triste conocer las cifras sobre analfabetismo en América Latina. Según la Unesco, unas 30 millones de personas, no saben leer ni escribir en esta zona, lo que contribuye a los altos niveles de pobreza y al poco desarrollo socioeconómico.En Colombia la situación es desalentadora, pues actualmente se registra una tasa del 7,6 por ciento, lo que significa que todavía se encuentran más de dos millones de analfabetos colombianos, que no pueden leer ni escribir, o que tampoco comprenden lo que leen.
El FMI tiene 103,4 millones de onzas (3217 toneladas) de oro en depósitos designados, que tienen un valor de 8.500 millones de dólares sobre su costo histórico.
El terrorismo es una vía que conduce a actos violentos, degradantes, irracionales e intimidatorios, sin ningún límite moral y legítimo. Un manual militar nos dice que “el terrorismo es una serie de actos de violencia extrema, destinados a infundir pánico y miedo sostenido en las personas para crear un estado físico y mental que prepara a la población para su captación y conquista dado que facilita su dominación, opresión y avasallamiento”.
En contraste, los países ricos son cada vez más avaros. Solo cinco de ellos -Dinamarca, Noruega, Suecia, Holanda y Luxemburgo- superan la destinación del 0,7 por ciento de su Producto Interno Bruto a ayuda al desarrollo. Los que más podrían dar son los más duros. Estados Unidos está en el vagón de cola, con apenas un 0,13 por ciento de contribución, mientras que Francia destina el 0,38, Alemania el 0,27 y Japón el 0,23. En total, la cuota de ayuda de los países desarrollados a los países pobres bajó un tercio en la última década: de un promedio de 0,33 por ciento, al actual 0,22. Cifra, por demás, miserable.
Partiendo de la premisa de que “hay capacidad y recursos suficientes en el mundo para erradicar el hambre", los jefes de gobierno de Brasil, Francia, Chile y España lanzaron en Nueva York un plan de siete propuestas contra el hambre y la pobreza, en la 59ª asamblea general de la ONU, con el respaldo de 113 países.
El hambre mata a un niño cada cinco segundos; 25.000 personas fallecen cada día por esta causa y el número de hambrientos crece, y va en 842 millones, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Según el plan, 50.000 millones de dólares (décima parte del gasto militar de la administración Bush) ayudarían a doblarle el brazo al hambre.
Más viable parece el impuesto a la venta de armas, negocio que movió 25.600 millones de dólares en el 2003 (sin contar el mercado negro). Es altamente probable que E.U., principal vendedor, también rechace la iniciativa, pero Alemania y Francia están entre los cinco mayores exportadores. Aquí, las objeciones son éticas, por lo paradójico de paliar el hambre y la pobreza con el ganancioso negocio de los conflictos armados.
Es triste conocer las cifras sobre analfabetismo en América Latina. Según la Unesco, unas 30 millones de personas, no saben leer ni escribir en esta zona, lo que contribuye a los altos niveles de pobreza y al poco desarrollo socioeconómico.En Colombia la situación es desalentadora, pues actualmente se registra una tasa del 7,6 por ciento, lo que significa que todavía se encuentran más de dos millones de analfabetos colombianos, que no pueden leer ni escribir, o que tampoco comprenden lo que leen.
El FMI tiene 103,4 millones de onzas (3217 toneladas) de oro en depósitos designados, que tienen un valor de 8.500 millones de dólares sobre su costo histórico.












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